El Pequeño Dragón Rojo

Según van transcurriendo las semanas, el propósito de este blog me arde en las manos como carbón vegetal. Se trata de un proyecto ambicioso, con un reducido equipo humano que se susurra al oído. Un cónclave de seres susurrantes. Por ahora.

Quizá sea momento adecuado para otra nueva pista.

Va para dos décadas que mi vida se dobló por la mitad como un naipe en un juego de prestidigitador, y aparecí en otro país, en otra realidad, en otro idioma, en otra baraja. He sido un extranjero?, un expatriado?, un emigrante?, un exiliado?, un escapado?, Un turista permanente?. He sido mano de obra?, vivo simplemente mi vida…?.

Quién decide cómo sustantivizar mi realidad?

Voy a intentar imponer un ejercicio. un ejemplo de ellos y nosotros que nos aproximará al hierro de la idea.

globe in a nutshell


London SXXI.

Mi gran anfitrión en las ultimas décadas ha sido el gran Londres. Un organismo multiparental que se multiplica y se fagocita al mismo tiempo. Una gran centrifugadora que consume carne humana y concibe sueños más grandes que la suma de todos aquellos que componemos sus entrañas.

Londres, el bordón que ata razas y culturas,  crisol de descreídos y religiones,  nube de pragmatismo y esperanza, un álbum de recuerdos infinito para gente que esta lejos, muy lejos. Una orbe al teléfono, una conferencia permanente con el allende los mares. Seis continentes en una cápsula espacio temporal. Donde blanco,  azul y rojo, siguen siendo colores entre los colores y nada se ha vuelto gris marrón, ni para siempre.

Londres quizás un día, tuvo un dueño. Hoy se pertenece a sí mismo. Respira. Sus ríos no llevan agua, llevan la sangre del planeta. Arterias vivas.

Esta ciudad se alimenta de los sueños y las esperanzas de muchos universos convergentes. No es un perro con pulgas, ni un gran pez mordido de lampreas. Es un episodio de creación divina, de la mano de millones de mujeres y hombres, que aunque juntos, pueden ni llegar a encontrarse. La gran ciudad de las manos anónimas que jamás dejan que se escurra el tiempo entre sus dedos.

Reducto de  libres y mercado de esclavos voluntarios. Tripas y corazón. Vida. Libertas.

Sin embargo, Londres está en el epicentro de un rugido arcano. Suena en el bramido de un viejo dragón que se despierta. De un dragón desterrado que unos olvidaron y otros no han querido conocer, un monstruo antiguo que mastica carne humana y no se la come. Un leviatán que aposenta en su egagrópila y disfruta en su dominio, monolítico y solo.

Los guardianes del viejo dragón, también, han despertado.

Está en nuestras manos que retornen a ese lugar que nunca debieron de haber abandonado.

Dudo mucho que jamás haya existido un Londres unicelular, monólogo y monócromo. Ni en Londinium ni en ningún otro lugar en los telares del tiempo.  Lo que jamás ha existido, no puede retornar.

Un Dragón ya no da miedo si se sabe que es lagarto. El retorno de su dominio inmemorial, será pues, una farsa.

Sabéis de que estoy hablando. Aquí seguimos. Vivos. El castillo es más nuestro que de nadie.

Y os vamos a mostrar los colores. Los tintes de verdad y las múltiples verdades, las piezas una a una que nos componen. Y os dejaremos mirar desde nuestras atalayas.

Aquí para compartir este pudding que sana, que une, que enseña y que nunca NUNCA separa.

Pequeño dragón rojo. La llevas clara.

AN. Londres. Abril 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Polillas copulando.

Sale el sol. El equinoccio Vernal ha pasado de largo sin que nadie se de cuenta. Modo primavera ON.

Como pajarraco que retorna de otras latitudes, el Motociclista Común, reaparece desde lo más recóndito de su garage , rodando desde una invernalia fabulada, construida con  anticorrosivo, cargadores de batería y un miedo al agua y al frío que no se entiende.

Dispuestos a lucir sus plumajes nuevos, son atraídos, domingo tras domingo hasta bien entrado el mes de Octubre, hacia oráculos locales de diverso tamaño, calado y pretensiones a lo largo y ancho de la geografía Europea.

En el Reino Unido en particular, el Motociclista Común, se caracteriza por su capacidad innata para entablar conversación con todo aquello que se mueva, siempre y cuando se cumplan dos condiciones primordiales:

  • Habernos pertrechado del correspondiente Mug of Tea. (Builders Tea, por favor. Seamos serios…)
  • Que nuestro inminente interlocutor se encuentre, bien encima, o bien al lado, o por lo menos cerca…, y preferiblemente no debajo, de una moto.

Como este año hay una diferencia substancial con temporadas anteriores, debido evidentemente a la fiebre rupturista aguda que campa a sus anchas por las islas, me pregunto, si a la hora de la verdad, seré capaz de medir  con mi termómetro sociológico imaginario un cambio en la gente. Incluso me pregunto si seré capaz de registrar una señal que me indique si efectivamente las cosas han cambiado.

Mi calendario de eventos está repletito y las fechas se solapan. Este fin de semana, o me acercaba hasta inauguración de la nueva tienda de Bolt, o me apuntaba a Prescot con mis colegas y excompañeros del ACE.

Con la primera opción mi demoscopia iba a salir un poco caca, porque simplemente ya se sabe que el progresío de bigote, barbita y pantalón vaquero retro sin lavar tira pa Cuenca, y con la segunda, pues voy  hacia provincias, y podría sin duda oler a rancio.

Así que… a Prescot, territorio del Bugatti Owners Club. Que no se ha visto tarde de toros decente si el toro es manso.


Prescot Bike Festival 2017.

1695-map- Prescot

 

Es sábado por la tarde, preparando el alforjado motoril y sopesando la idea de una tienda de campaña por si las moscas. Cómo?? Nada de tienda, Hamaca y listo, que es casi verano (Sic).

Yo estoy esperando puntualmente al equipo de eventos del Ace que va con una de las furgonetas llena de merchandise para el evento y una Triumph Truxton 1200 Edición especial del ACE Cafe.

Llegamos al Bugatti owners club de noche, y tras un breve parlamento con la organización, entramos los tres teniendo sólo dos pases como en un buen chiste de un Gallego, un Lombardo y un Escocés… se aparca, y al Clubhouse.

Promedio de edad 50 plus. La gente tan tranquila charlando, banda Rockabilly madurita cumpliendo sobradamente, y como en el local tienen su propia cerveza  casera, pues unas pintas de Hill Climb.

Hay formas y formas de ser abuelo. Los miembros del Club tenían aparcado delante del bar un coche fúnebre. A primera vista, por si acaso.

En realidad, en donde debería de ir el ataúd…  pues está el motor a reacción de un Jet. Fully operational.  Estooo,  por donde íbamos….

En un visto y no visto, cerramos el soiree (como de costumbre) y terminamos váya usted a saber cómo, con la hamaca colgada dentro de la furgoneta del Ace, Olly en una cama plegable de campaña debajo , y Ash en la cabina al mas puro estilo Gipsy Kings. Orgullo merchero, o como se dice aquí en la pérfida Albión: a bloody bunch of Pikeys. Hoy no muero de glamour. Es lo mas cerca del circo que he estado en mi vida. Esto debería titularse Travellers Galore.

En fin. Que amanece bonito, y a eso de las 5 am ya estoy por los prados esperando a que salga el sol para tirar unas foticas.

Prescott 2017-2

Me lo paso pipa a lo Ansel Adams, hasta que comienza  a levantarse todo el mundo, y voilá, sucede.

Los de el campamento jicho de al lado son unos gentleman del XJR Club , que se han traído una buena selección de, efectivamente, XJR´s, y están preparándose para instalar su tenderete.  Al primer sorbe de té mañanero , se acerca el primer señor inglés majete del día, a charlar sobre mi hamaca que le tiene intrigadísimo y le parece muy buena idea. Que si esto y lo otro… quieres café? y aquí no hay rastro de Brexit por ninguna parte.

Me subo a desayunar. El primer cliente. Que conste. Y la señoriña un encanto. Que no funciona la tostadora , que ahora me la arreglan, que si de dónde vienes…

Ni rastro de la cosa esa por aquí tampoco.

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Con el transcurrir del día, el recinto se llena sin avasallar, The Hill Climb, con motos y otros artefactos, es una operación popular sin pretensiones donde sube cualquiera que se haya inscrito. El ambiente, de domingo de verano. Ganas de hacer proselitismo a la fiebre de insularidad que parece haber tomado el país según los telediarios? Cero.


 

Un memento. Dos mods despistados con sus motos italianas, en las instalaciones del club de propietarios de un coche italiano a media hora de Liverpool. Voolare…

Prescott 2017-5

Otro:  -Qué opina usted del Brexit?-

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Pues eso. Que aunque el panorama politico de las islas sea una historia de polillas y naftalina, de queso con gusanos y agendas partidarias. Aunque nos cuenten la de Nostradamus y nos quieran poner de bedel al tío de la vara, cuando sale el sol, lo que más mola es un helado de pistachio. Y aunque la prensa le de coba a algún energúmeno que ha equivocado la medicación y fabúla con guerras por un pedrusco lleno de monas, aquí preferimos hacer chistes de polillas copulando.

AN. Prescot bike fest. 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

People

The beginning of a Journey.

 

Hay una historia de esas de andar por casa que me conmueve desde que era pequeño. Un recuerdo de esos en los que hay buenos y malos,  y en la cuál nosotros, por supuesto, estamos del lado de los buenos. Una historia de gentes humildes que se enmarañan con las circunstancias de su tiempos y digamos que en su momento acaban animando a un equipo de fútbol y no a otro. Si por seguir el hilo nos planteamos que en un requiebro del destino, los de un equipo deciden aniquilar a los seguidores del otro equipo en el medio de la liga pues estamos en el caso de esta persona humilde, de aldea, que de repente se encuentra perseguida como un perro apestado.

Perseguida no por haber sido un gran estratega del fútbol, si no más bien por haber ido a algún partido, y al cuál algún vecino, intentando resarcirse por cualquier desplante bobo sobre un terreno o la fruta de un manzano, pone en evidencia ante los que persiguen.

Es una historia triste, en la cuál la figura de un cura de parroquia, a priori en las filas de aquellos que se encuentran en posición dominante, se planta cuando le preguntan:

-A quién nos llevamos?

-Aquí en este pueblo, no sobra nadie.

Es una historia insignificante en el medio de una gran barbaridad de esas que con tanto empeño nos organizamos solitos los humanos.

Sin embargo, son esas insignificancias la que un día, sin alardes, permiten que todo vuelva a la normalidad, a nuestro día a día, lejos de las quotidianías que a veces y por la fuerza, nos vienen impuestas.

Esta va a ser la historia de muchas personas, que inadvertidamente, y sin el dramatismo de este cuento viejo, contribuyen a que todo siga tranquilo, y con sus vidas simples y sus buenas intenciones hacen que los estertores de banderas y camisetas permanezcan lejos. Muy lejos.

Esta va a ser la historia de la buena gente que está aquí, hoy, con nosotros.

Principios de verano. 2015.

Estoy al oeste de Serbia, cerca de Loznica. Estoy en camino de un alojamiento rural en pleno monte Gučevo. Me adentro hacia el sur, tranquilo y confiado de que mi navegación  por satélite me estaba manteniendo en ruta a través del periplo en la Transilvania rural de los días anteriores.

Me estaba acostumbrando al hecho de que en los pueblos pequeños, aunque las edificaciones y casas familiares se encontrasen en buen estado de mantenimiento,

-a la altura de cualquier comunidad con gente activa y decente que se pueda encontrar uno por Europa  adelante-,

en general, la infraestructura viaria en el rural pues aún está unos años por detrás de lo que damos por corriente en una comunidad similar en España, por ejemplo.

Y así tirando tirando, sorteando baches y zanjas ensimismado en mi burbuja, el satnav decide que es hora de tirar monte arriba, por una pista comunal entre las casas.

Algún tramo de asfalto aquí y allá, pero en su mayoría, pistas forestales con hierba que crece entre las rodadas. Casas cada 200 o 300 metros, en pequeños lugares, un poco en línea con cualquier lugar remoto del norte de España hace unos años.

Con unas 8 horas de moto encima, tengo un pequeño desliz y me caigo en un camino de carros entre unas casas. Pues bueno, para eso estamos equipados, así que la levanto y continúo, con subida y bajadas parando, cuando encuentro a alguien, para cerciorarme de que voy por buen camino. Nadie tiene la mas remota idea.

En esto que me encuentro en algún lugar entre Trbusnica y el mismo Gučevo y de repente ya no hay mas casas. De pie en la moto, subo por pistas de tractor en las que la erosión no deja ya más que piedras y la roca a la vista, y una bifurcación, y otra, y otra más…

El navegador me posiciona como una flechita en algún lugar monocolor que podría ser el desierto , o el fondo del mar,  o la luna.

Y empieza a llover. Y me quedan un par de horas de luz.

Sabiendo que acampar allí mismo puede ser una necesidad, no estoy seguro del tamaño del bicherío que hay por la zona, y aún sabiendo como sé que los osos de los gordos quedaron al este al otro lado del Danubio, no estoy muy confiado.

Entre la lluvia, las piedras del demonio, el no saber hacia dónde me dirijo, 253 kilos de moto y el cansancio que ya empieza a poder más que uno. Me vuelvo a caer. Y otra vez más.

Y no soy capaz de levantarla de nuevo.

Me siento. Me tranquilizo. Y abandono la moto, el casco y la madre que los parió.

En el medio del monte. Querías aventura? Pués venga bonito.. toda pa tí.

Así que me pongo en camino buscando una casa o algo, para que me echen una mano.

Total que de ahí a unos diez minutos cuesta arriba me encuentro una casa , con un manantial a la puerta, y grito:

-Help!! HELP!!!

De una ventana sale un chaval joven de unos 20 años, que me mira como si se le apareciesen los marcianos.

-Dou you Speak english?   My Bike….Help….I am lost!

De verdad que si hubiese tenido el margen para sacarle una foto, aquella cara era como si la virgen maria con Joselito a hombros se le acabase de aparecer,  agarrada a la cola de un burro verde montado por Ronald McDonald.

Mladen, que ya estaba acostado por que al día siguiente trabajaba por la mañana temprano, salió de su casa y con su inglés del colegio, entendió lo que había pasado.

Bajamos hasta la moto, y cuando la vió me dijo:

-You …CRAZY.

My father Strong. We help you.

Y así mismo, salió el padre de la casa, un tiparrón como una torre, levantamos la moto y la fuimos llevando por el buen camino hasta llegar a un albergue de verano lleno de chavales de la Voivodina que estaban de campamento.

Lo mas increíble, es que nadie tenía la mas remota idea de cómo llegar a la casa donde tenía planeado hospedarme. Pese a que estaba literalmente al otro lado del Monte!!!

Luego llegaron unas parejas jóvenes en coche que, por fin!, sabían de que estaba hablando, y se ofrecieron a guiarme, así que les seguí en la moto. Ya prácticamente de noche.

Y tras un día bien duro, no estaba preparado para lo que se me venía encima. Con mi vida Londinense de primer mundo y toda esa letanía.

En Serbia, los establecimientos hoteleros notifican a la policía local de las reservas que tienen a nombre de extranjeros y es recomendable quedarte en donde tienes previsto.

De cualquier modo, estaban ya cerrados, y había un grupo de gente charlando en la puerta. Así que aparqué la moto, me dirigí a ellos, y resultó que era parte del personal que se marchaba a sus casas.

Intenté explicarme, Y en un visto y no visto, la cocinera se metió en la cocina, y me preparó una cena que si lo pienso, casi se me caen las lagrimas.

Se trataba de una casa rural , llena de artefactos y aperos,  cuál museo etnográfico, y aunque no había más huéspedes, exceptuando algunos miembros del personal, que se alojaban allí en preparación para acoger un grupo de niños en campamento de verano, también , de la Voivodina.

Allí gobernaba Milenica, la doctora del campamento, con una sonrisa de oreja a oreja.

milenica nikolic

 

Me dieron una cabaña de troncos para dormir, con mantas de lana tejidas a mano, y mientras Milunka, la cocinera, me preparaba un caldo, si señores, un caldo, Serbio , pero caldo. No una sopa. Seguro, que soy Gallego. Con un solomillo de cerdo entero y una ensalada de tomate, Y cafe negro del que se hace en un cazo.

Mientras yo comía , la doctora y un empleado del campamento estaban sentados , frente a mí , en otra mesa, charlando y haciendo Decoupage con unas botellas vacías de orangina,  entretenidos y tan felices.

No sé como agradecerles lo que hicieron por mi aquel día. Ni mucho menos cuando me levanté por la mañana, porque además de tenerme un desayuno para levantar muertos, la gente del campamento, estaba tomando café en una mesa, bajo un emparrado, Cantando.

Cantando con tus compañeros de trabajo antes de la jornada.

Una pausa por favor, una pausa. Vuelve a leer la última frase.

Me va a dar casi igual el dónde y el cómo, longitudes, latitudes y barreras idiomáticas, pero esta es la gente que nos hace ser quien somos, personas. Aquí en Europa y en la venta del Tiburcio.

Mladen, Milunka y Milenica, me dieron una buena lección ese día que no se me va a olvidar nunca.

Nos hacéis falta todos. Ahora más que nunca. Por que aquí no sobra nadie.

много вам хвала

 

AN. Londres. Abril 2017.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Atlas de la certeza

Guía para navegantes.

Una instalación teatral. 1994. Un público dividido por una estructura física que impide momentáneamente verse y establecer contacto directo con la otra parte del público. Unas pantallas de televisión muestran lo que sucede al otro lado. Sólo un pequeño detalle:

Lo que se retransmite por las pantallas no se corresponde con la realidad de lo que está sucediendo en tiempo real.

Sin embargo, el comportamiento de grupo de ambas partes se modifica en reacción directa a lo retransmitido.

Nuestros valores, nuestra percepción física del mundo, nuestra valoración de un grupo social, étnico o de un individuo, están forjados por información que casi nunca procesamos nosotros mismos.

Necesitamos y nos servimos de las interpretaciones de otros para ayudarnos a formar una visión que nos permita convivir con nuestra propia realidad. Esto es inevitable por que la ubicuidad no esta todavía inventada, y el Dr Who tiene cláusula  de exclusividad con la BBC.

Cosas que damos por sentadas, y que naturalmente no cuestionaríamos sin empezar a parecer algo tocapelotas, filtran permanentemente nuestras acciones y determinan nuestras decisiones.

Certeza. Puntos cardinales. El sol y las estrellas. Que tu suegro ronque. Mapas.

No. Un momento. Mapas?

Un vistazo a ::esto:: es necesario antes de continuar.

Superponed Russia sobre África. Qué tal Argelia sobre Europa? Mmmm….

Revisitemos ahora la percepción el mundo  que los humanos hemos tenido a través del tiempo. Desde la representación del entorno inmediato en la antigua ciudad de Çatalhöyük en Anatolia 7500 AC. a los grabados de Valcamónica y Paspardo:

Pasando por la visión del ibérico Al Idrisi, hasta llegar a google maps.

Hemos sido capaces de aceptar nuestros errores de apreciación, y de corregir nuestras posiciones para poder avanzar. Gracias a eso ya no vivimos en cuevas ni andamos a cuatro patas,  y manejamos mapas digitales y no pinturas de hollín en paredes cavernarias.

Debemos ser conscientes de los efectos nefastos de la interpretación, siempre parcial, para la implementación de una determinada cosmogonía, por que nos aleja de una correcta lectura que nos permita evolucionar y crecer. Fíjense en este glorioso dibujico:

Europe_As_A_Queen_Sebastian_Munster_1570

Imaginad la diferencia de calado entre, por poner un ejemplo, las antiguas representaciones cartograficas que retrataban Galicia a través de las épocas y un moderno mapa interactivo a tu alcance y disponible en tu teléfono en todo momento.

Sin embargo, a pesar de la ventaja aparente y la enorme disponibilidad de información, aún disfrutando de lo que podría ser considerado uno de los períodos  más  agraciados de la historia de la humanidad, con una capacidad para comunicarnos que no tiene rival en todo el periplo de la raza humana, continuamos irremediablemente enquistados en tópicos y esclavos de mitos sin fundamento, rendidos a intereses cuya finalidad y uso quedó en el pasado.

Asumimos, sentenciamos y actuamos basándonos en lo que nos cuenten más que nunca o por lo menos , tanto como siempre. Y así estamos, entre coyunturas de Brexits y retórica pasmosamente rancia que pareciese que vuelven banderas victoriosas y unos cuantos millones de muertos para que volvamos a demostrar lo mucho que nos entusiasma darle otra patada a la misma piedra. Porque aún a pesar de habernos roto los dedos de los pies en la ultima guerra mundial, y haber salido de la europa en ruinas de los años 50, parece que no nos hemos dado cuenta de que no es un balón, ni esto es un partido que termina a lo 90 minutos y todos para casa.

Pues vamos a necesitar muchos mapas. y ahí va la segunda pista.

AN. Londres. Abril 2017.