People

The beginning of a Journey.

 

Hay una historia de esas de andar por casa que me conmueve desde que era pequeño. Un recuerdo de esos en los que hay buenos y malos,  y en la cuál nosotros, por supuesto, estamos del lado de los buenos. Una historia de gentes humildes que se enmarañan con las circunstancias de su tiempos y digamos que en su momento acaban animando a un equipo de fútbol y no a otro. Si por seguir el hilo nos planteamos que en un requiebro del destino, los de un equipo deciden aniquilar a los seguidores del otro equipo en el medio de la liga pues estamos en el caso de esta persona humilde, de aldea, que de repente se encuentra perseguida como un perro apestado.

Perseguida no por haber sido un gran estratega del fútbol, si no más bien por haber ido a algún partido, y al cuál algún vecino, intentando resarcirse por cualquier desplante bobo sobre un terreno o la fruta de un manzano, pone en evidencia ante los que persiguen.

Es una historia triste, en la cuál la figura de un cura de parroquia, a priori en las filas de aquellos que se encuentran en posición dominante, se planta cuando le preguntan:

-A quién nos llevamos?

-Aquí en este pueblo, no sobra nadie.

Es una historia insignificante en el medio de una gran barbaridad de esas que con tanto empeño nos organizamos solitos los humanos.

Sin embargo, son esas insignificancias la que un día, sin alardes, permiten que todo vuelva a la normalidad, a nuestro día a día, lejos de las quotidianías que a veces y por la fuerza, nos vienen impuestas.

Esta va a ser la historia de muchas personas, que inadvertidamente, y sin el dramatismo de este cuento viejo, contribuyen a que todo siga tranquilo, y con sus vidas simples y sus buenas intenciones hacen que los estertores de banderas y camisetas permanezcan lejos. Muy lejos.

Esta va a ser la historia de la buena gente que está aquí, hoy, con nosotros.

Principios de verano. 2015.

Estoy al oeste de Serbia, cerca de Loznica. Estoy en camino de un alojamiento rural en pleno monte Gučevo. Me adentro hacia el sur, tranquilo y confiado de que mi navegación  por satélite me estaba manteniendo en ruta a través del periplo en la Transilvania rural de los días anteriores.

Me estaba acostumbrando al hecho de que en los pueblos pequeños, aunque las edificaciones y casas familiares se encontrasen en buen estado de mantenimiento,

-a la altura de cualquier comunidad con gente activa y decente que se pueda encontrar uno por Europa  adelante-,

en general, la infraestructura viaria en el rural pues aún está unos años por detrás de lo que damos por corriente en una comunidad similar en España, por ejemplo.

Y así tirando tirando, sorteando baches y zanjas ensimismado en mi burbuja, el satnav decide que es hora de tirar monte arriba, por una pista comunal entre las casas.

Algún tramo de asfalto aquí y allá, pero en su mayoría, pistas forestales con hierba que crece entre las rodadas. Casas cada 200 o 300 metros, en pequeños lugares, un poco en línea con cualquier lugar remoto del norte de España hace unos años.

Con unas 8 horas de moto encima, tengo un pequeño desliz y me caigo en un camino de carros entre unas casas. Pues bueno, para eso estamos equipados, así que la levanto y continúo, con subida y bajadas parando, cuando encuentro a alguien, para cerciorarme de que voy por buen camino. Nadie tiene la mas remota idea.

En esto que me encuentro en algún lugar entre Trbusnica y el mismo Gučevo y de repente ya no hay mas casas. De pie en la moto, subo por pistas de tractor en las que la erosión no deja ya más que piedras y la roca a la vista, y una bifurcación, y otra, y otra más…

El navegador me posiciona como una flechita en algún lugar monocolor que podría ser el desierto , o el fondo del mar,  o la luna.

Y empieza a llover. Y me quedan un par de horas de luz.

Sabiendo que acampar allí mismo puede ser una necesidad, no estoy seguro del tamaño del bicherío que hay por la zona, y aún sabiendo como sé que los osos de los gordos quedaron al este al otro lado del Danubio, no estoy muy confiado.

Entre la lluvia, las piedras del demonio, el no saber hacia dónde me dirijo, 253 kilos de moto y el cansancio que ya empieza a poder más que uno. Me vuelvo a caer. Y otra vez más.

Y no soy capaz de levantarla de nuevo.

Me siento. Me tranquilizo. Y abandono la moto, el casco y la madre que los parió.

En el medio del monte. Querías aventura? Pués venga bonito.. toda pa tí.

Así que me pongo en camino buscando una casa o algo, para que me echen una mano.

Total que de ahí a unos diez minutos cuesta arriba me encuentro una casa , con un manantial a la puerta, y grito:

-Help!! HELP!!!

De una ventana sale un chaval joven de unos 20 años, que me mira como si se le apareciesen los marcianos.

-Dou you Speak english?   My Bike….Help….I am lost!

De verdad que si hubiese tenido el margen para sacarle una foto, aquella cara era como si la virgen maria con Joselito a hombros se le acabase de aparecer,  agarrada a la cola de un burro verde montado por Ronald McDonald.

Mladen, que ya estaba acostado por que al día siguiente trabajaba por la mañana temprano, salió de su casa y con su inglés del colegio, entendió lo que había pasado.

Bajamos hasta la moto, y cuando la vió me dijo:

-You …CRAZY.

My father Strong. We help you.

Y así mismo, salió el padre de la casa, un tiparrón como una torre, levantamos la moto y la fuimos llevando por el buen camino hasta llegar a un albergue de verano lleno de chavales de la Voivodina que estaban de campamento.

Lo mas increíble, es que nadie tenía la mas remota idea de cómo llegar a la casa donde tenía planeado hospedarme. Pese a que estaba literalmente al otro lado del Monte!!!

Luego llegaron unas parejas jóvenes en coche que, por fin!, sabían de que estaba hablando, y se ofrecieron a guiarme, así que les seguí en la moto. Ya prácticamente de noche.

Y tras un día bien duro, no estaba preparado para lo que se me venía encima. Con mi vida Londinense de primer mundo y toda esa letanía.

En Serbia, los establecimientos hoteleros notifican a la policía local de las reservas que tienen a nombre de extranjeros y es recomendable quedarte en donde tienes previsto.

De cualquier modo, estaban ya cerrados, y había un grupo de gente charlando en la puerta. Así que aparqué la moto, me dirigí a ellos, y resultó que era parte del personal que se marchaba a sus casas.

Intenté explicarme, Y en un visto y no visto, la cocinera se metió en la cocina, y me preparó una cena que si lo pienso, casi se me caen las lagrimas.

Se trataba de una casa rural , llena de artefactos y aperos,  cuál museo etnográfico, y aunque no había más huéspedes, exceptuando algunos miembros del personal, que se alojaban allí en preparación para acoger un grupo de niños en campamento de verano, también , de la Voivodina.

Allí gobernaba Milenica, la doctora del campamento, con una sonrisa de oreja a oreja.

milenica nikolic

 

Me dieron una cabaña de troncos para dormir, con mantas de lana tejidas a mano, y mientras Milunka, la cocinera, me preparaba un caldo, si señores, un caldo, Serbio , pero caldo. No una sopa. Seguro, que soy Gallego. Con un solomillo de cerdo entero y una ensalada de tomate, Y cafe negro del que se hace en un cazo.

Mientras yo comía , la doctora y un empleado del campamento estaban sentados , frente a mí , en otra mesa, charlando y haciendo Decoupage con unas botellas vacías de orangina,  entretenidos y tan felices.

No sé como agradecerles lo que hicieron por mi aquel día. Ni mucho menos cuando me levanté por la mañana, porque además de tenerme un desayuno para levantar muertos, la gente del campamento, estaba tomando café en una mesa, bajo un emparrado, Cantando.

Cantando con tus compañeros de trabajo antes de la jornada.

Una pausa por favor, una pausa. Vuelve a leer la última frase.

Me va a dar casi igual el dónde y el cómo, longitudes, latitudes y barreras idiomáticas, pero esta es la gente que nos hace ser quien somos, personas. Aquí en Europa y en la venta del Tiburcio.

Mladen, Milunka y Milenica, me dieron una buena lección ese día que no se me va a olvidar nunca.

Nos hacéis falta todos. Ahora más que nunca. Por que aquí no sobra nadie.

много вам хвала

 

AN. Londres. Abril 2017.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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