Ilbarritz.

En mi primera visita  al Wheels and Waves, se me quedó grabado el caserón de la colina de Handía. Sólo, abandonado, con la playa de Ilbarritz a su merced y una legión de almas en pena imaginarias que lo guardan. Desafiante como un guardián impertérrito y celoso de secretos y vidas pasadas.

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Este año, preparándonos para el proyecto que da pié a este blog, caminamos de nuevo por la playa y se me ocurre en alto:

-El dueño de esta casa me cae mal (!). Esta playa tiene que haber sido su coto privado. Os imagináis?

y alguien responde:

-Parece el retiro de un músico loco, tocando el piano al sol de poniente.

Sin más, continuamos a lo nuestro durante el fin de semana. El Caserón, nuestro punto de referencia para los no iniciados:

-Dónde esta el evento?

-Veis aquel caserón?, pues al lado…

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Al cuarto día, terminado nuestro turno de oficio, bajo un sol al que ya no estamos acostumbrados los que vivimos más al norte, pues hacemos un poquito el veraneante y cosas de playa, colchonetas y helados.

Biarritz es el lugar donde se practicó por primera vez el surf en Europa, durante el rodaje de The sun also rices, -en español, Fiesta– (E. Heminway). Aparentemente el director de producción californiano pidió en 1956 que le enviasen una de aquellas tablas caseras para aprovechar durante el rodaje y echarse a las olas.

La tabla no llegó a tiempo, y ya en 1957, en pleno rodaje, el guionista Peter Viertel  fué el primero en usarla, inaugurando así una tradición de mucho arraigo en estas costas.

Entre bromas y sainetes, a mi adorada esposa se le ocurre que le gusta una colchoneta infalible con forma de tabla de surf, y armada de un poderoso al que no le gusta que no mire, se mete en el agua a hacer un poco el tonto. Todo bien, teniendo en cuenta que a menos de doscientos metros hay una veintena de aficionados de todas las edades con litros y litros de olas de experiencia.

En ese momento en el que las yemas de los dedos comienzan a arrugarse, y la pobre colchoneta está asfixiada después de la sesión de abrazos mortales y desafíos a la flotabilidad como fenómeno físico y cualidad humana, se acerca una viejecita de 80 años en bañador y le dice: No tienes ni idea de coger una ola!, y comienza a explicarle. En sus palabras: al igual que hizo en su tiempo con sus nietos.

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Madame Daunizeau fué relaciones públicas del Hotel du Palais, famoso por reinventar Biarritz como un lugar de vacaciones donde la realeza Europea pasaba lo más parecido a un día de playa tal y como lo conocemos los humanos.

Debo decir, que Madame Daunizeau organiza a estas alturas de su vida, exhibiciones de arte en la región, y es a la vez un himno a las ganas de vivir y un ejercicio de clase.  En su baúl de recuerdos, todas esas cosas que no se pueden contar, y que residen para siempre en su discreción inquebrantable y en la memoria de los candelabros del mismísimo Palais.

Entonces, surge el tema del caserón de Ilbarritz, Y madame Daunizeau se arrodilla en la arena y escribe con su dedo, Baron de L’Espee.

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Y nos cuenta la historia de un hombre reclusivo y celoso de su privacidad. Albert de L’Espee.  Un hombre de vanguardia, inmensamente rico, con varios palacios en diversos territorios franceses,  en los que se dedicaba de lleno a su pasión: los órganos de tubos. Para todo lo demás parece ser que tenia muy poco tiempo y paciencia. No queda de él, ni un retrato, ni una foto.

En el Chateau de Ilbarritz instaló su posesión más preciada, el órgano Cavaillé-Coll mas grande jamás construido para una persona privada. De hecho, el palacio fué construido para acentuar la acústica, y el órgano en si mismo era el más avanzado de su tiempo. Tal fué la importancia de este instrumento en particular que hoy está instalado en la basílica del Sacré Coeur, en Montmartre, Paris.

Ilbarritz_Castle_-_Organ_-_Cavaillé-Coll_1898

Aunque deba decirse, que lo hizo desmontar en 1903 para construir otro , ligeramente más pequeño pero mucho mas avanzado técnicamente , diseño  del maestro Mutin, que hoy se puede oír en la iglesia de Uzurbil, cerca de San Sebastián.

Pero lo que más le interesaba a Mme Daunizeau fue una legendaria historia de amor que es toda una leyenda local. Enamorado de Biana Duhamel, una vocalista de la época, construyó para ella la villa des Sables, y tras convencerla para hacerle compañía, levantó una casa de baño, una piscina climatizada, un baño turco y una cueva artificial increíblemente decorada bajo la casona, con mármoles raros, puertas de bronce y sobresalientes tallas. Todo a cambio de que permaneciese en reclusión , a su lado.

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Cabe decir que la moza tomó las de Villadiego allá por 1898, abandonando a un Barón incapaz de retenerla tras diversos incidentes, entre los cuales está documentado un accidente de coche que involucró a la reina de Serbia , que se encontraba veraneando en la villa.

Y allí permaneció el Barón, en su casa con vistas a Euskalherría, tocando a Wagner con las ventanas abiertas , frente al mar, sin querer ver a nadie.

Albert abandonó la casa en 1911, para morir en 1918, y la casa se transformó en hospital, acomodación para refugiados durante la guerra civil española y lugar de vacaciones para miembros de las SS alemana.

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La necesidad de postguerra convirtió al palacio en víctima de pillajes y acentuó su declive. Imparable. Hasta hoy.

Ya sé que iba a una concentración de motos y constructores y blah blah.  Pero hay desde luego, cosas más importantes. Ya no hay quién dedique oberturas de Wagner, en las puestas de sol, a las olas de Euskadi.

AN

Biarritz, June 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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