Republika Srpska.

Control fronterizo. Zvornik. Bosnia Herzegovina.

 

-Te falta el visado de salida.

-Ese de la caseta de enfrente, me ha dicho que alé alé… que hasta luego. Que me pase a saludaros.

-Necesitas el sello de salida para que yo te pueda dar el de entrada…

-Me vuelvo?

-Aparca ahi al lado.

Tengo la completa seguridad de que Hermitas la del control fronterizo al otro lado está emparentada con Emerenciano, aquí en esta otra garita a unos cientos de metros a caballo de este cisma administrativo comarcal que hoy parece más insondable que la fosa de las marianas.

Tres guardias a la sombra en un día de solano imperial en el cuál Lorenzo ha decidido despellejar vivo a todo aquel que asome la cabeza, deciden que: is problem, is problem.

Casualmente, al lado del mismo paso fronterizo, hay un edificio con unos seis o siete estanquillos, en los cuáles, y gracias a las virtudes del libre mercado, van a ser capaces de resolverme mi problem.

Entro al primero que hay en linea recta por la sombra y les doy el gud monin socorrido, para ver si estoy invitado a la merienda en calidad de comensal, o estoy en la lista de ingredientes.

-Pues que me han dicho estos señores que me pase por aquí, para que me arregléis lo de la visa de entrada, porque esa otra senhora tan simpática que veis allí en aquel puesto al otro lado, pues no me ha dado el de salida, porque se le deben de haber terminado y os manda un saludete.

-…

-…

-20 Euros.

-Si me recorro los siete puestos y vuelvo y os digo que el del puesto de al lado me lo hace por 17 Euros, me haríais descuento y me ahorráis la insolación?

-Computer says no…. Beep.

En esto que casualmente entra un señor de paisano al que las administrativas parecen conocer de algo más que de saludarse por la calle.

-Español?

-Hombre… se hace lo que se puede.

-Real Madrid muy bueno.

-NO real madrid. D-E-P-O-R-T-I-V-O. DE-POR-TI-VO.

-Deportivo, no good.

-Ya empezamos…

-De viaje?

-No, si yo iba a Manchester, pero me despisté con la salida de la autopista, y mire usted que tontería. Pero no se preocupe que mi mujer ya está acostumbrada.

El amable caballero y aquí un humilde narrador, nos pasamos un buen rato aprendiendo a vocalizar en besugo en una chachareta-entrevista arreglá pero informal, que parece terminar con buen pie y a mi favor, pues años de duro entrenamiento con las más tenaces Vellas de aldea me tienen cubierto a la hora de sobrellevar el repertorio de técnicas de interrogatorio Bosnio y benemérito que me tocan.

La moza que arregla problemas se ríe algo, pero no parece convencida de que realmente,  aunque acabo de tropezarme por aquí, estoy encandilado y vendería mi sangre al tío de la horchata por  poder vivir cinco minutos más de este idilio por culpa de la dichosa visa, o un beso de la flaca, o los resultados de las quinielas de aquí al 2021.

Y caigo de la burra. La barba. La puñetera barba. Que me han puesto en la cola de los infieles por si acaso. En este santo lugar, en la cola de las víctimas.

Una vez establecido que lo mío son las tapas de Jamón y el Rebujito,

 – porque de pulpo y lacón con grelos me parece que nos iba a dar la procesión de corpus antes de hacerlo llegar al subconsciente colectivo en este vortex de diligencia y minuciosidad-,

me apunto un tanto que me cuesta mis veinte euros, y nos juramos amor eterno y madridista y quedamos para los aftershaves.

OS juro que si tuviese que entregarme a la tragicomedia en cada una de las casetas y furanchos fronterizos a lo largo y ancho del imperio, me mondo solo y me echo a la freidora como buena patata de sofá arrepentida y no vuelvo a dar el coñazo con más fotonovelas vagabundas.

Para recapacitar:

No acabo de entrar en Bosnia. O Sí. Pero esto es la Republika Srpska. O sea la parte serbia de Bosnia. Apenas 54 km al sur de donde me encuentro está Srebrenica, célebre por sus matanzas y sus encurtidos, que es a lo que se debían de estar dedicando los cascos azules holandeses  mientras los demás se empeñaban en lo primero.

Para entendernos, los musulmanes están en la Federación Bosnia, que es el centro y oeste del país y  los serbios en Republika Srpska, que esta al norte y este , en dos areas separadas, comunicadas entre sí por el distrito de Brčko, un ni pa tí ni pa mí, en donde deben de ser catalanes.

Suficientemente preocupado de que en mi mapa no aparece nada de esto, y pensando, no sé muy bien a cuento de qué en John Ford y su diligencia, enfilo hacia Tuzla, donde el Jamón está mal visto pero las barbas tienen algo más de pedigrí.


Minaretes y cazamariposas.

Aunque yo sigo estimando una proporción aproximada de rubias eslavas por vaca frisona aproximadamente igual a la que venia observando en predios anteriores, aquí hay un güevo de mezquitas. Sin embargo, debo aclarar que en esta área musulmana, hay un número insignificante de hijabs en comparación directa con cualquier martes por la tarde en Upton Park o Forest Gate (London).

Y bueno, como no hay nada que un buen chapuzón no cure, trazo una línea imaginaria hacia la costa adriática en el sur, al otro lado del país, sin el menor cuidado por lo que me toque por el medio.

Si nadie me explicase nada para complicarme las cosas, aquí con un pié a cada lado de este dilema geográfico, me decanto por la explicación de que los Bosnios son unos señores (y señoras) a los que les gustan las montañas, los bosques primigenios, la miel  y las mezquitas, y a los Srpskis les va mas el tema altiplano, ovejas y el cóndor pasa, con unas gotícas así a lo Ulster en lo pictórico artístico, con su nomespliques  de grafiti Urbano y un pellizquín de Kale Borroka bucólico pastoril.

A mi no me pregunten, que de verdad, yo sólo pasaba por aquí.

Al contrario de lo que es norma por otros páramos en esta vieja europa  de mis procesos exploratorios, he sido muy feliz de dejar pronto atrás todo vestigio humano para adentrarme monte arriba hacia el corazón de los Alpes Dináricos.

Evidentemente este es uno de esos lugares antiquísimos e imperturbables en los que a nadie le extraña si de vez en cuándo alguien organiza un no nos moverán, y así a lo Tito, les da a unos cuántos por tirarse al monte. Porque mis queridos amigos, qué monte! y si me lo permiten, qué buenas carreteras comarcales.

Qué especialísimas hora tras hora de ruta entre cañadas, enrevesamientos, y bosques frondosos. Palios de hojas y komorebi. Millas y más millas de paz y selva. Con criaturas que venden miel por las cunetas y paisanos que saludan al pasar con muy poca prisa.

Exceptuando una furgoneta blanca pilotada por un amigo de frenar en cada curva que se interpuso un buen rato a mi flow, ya que toda alternativa pasaba necesariamente por el fondo del acantilado, todo objetivamente acojonante oigan!

Allí en el medio de lo que positivamente constituye ninguna parte y todas  a la vez, me topo de bruces con uno de esos monumentos futuristas de hormigón sustantivo, enorme y solemne como dos cuernos enormes, en honor a aquellos que dejaron este mundo en la última gran bronca, o la anterior, o la de antes…

Y me paro. Claro, como para no pararse una vez que le has encontrado los cuernos al mundo.

 

tjentiste


Entre el respeto y el espanto,  en este encuentro futurístico forestal al que pertenezco, entre adobado y alicatado, como mero observador, aparecen dos muchachos y una zagala, vestidos de uniforme verde como en un episodio del oso Yogui.

Van ellos muy ufanos por la orillita de la carretera, con sus pantalones cortos y cazamariposas. Si cantaban algo, no lo oí.

Aún debe de haber esperanza, aquí y en alguna otra parte, si en estos callos cornudos que se acuerdan de Nazis y partisanos, de moros y cristianos, hay quien persiga lepidópteros y mosquilla blanca.

Gracias buenas gentes, porque ésta alegría entre normalidad, doctorado en biología in the making y coñita marinera, es  mucho mejor que perseguir historietas espeluznantes de cuerdas de piano (que no pienso repetir aquí), y la imborrable estampa de docenas de hombres y niños con las manos atadas, cabezas en hilera contra el bordillo, a la espera de que pase la oruga del blindado para alisarles los peinados de una pasada por aquello de ahorrar munición.

Tjentiste4


Pasadas las montañas, al sur, comienza la estepa. Erial y praderío. Rebaños. Grafiti. Serbios de Bosnia. EL sol de poniente. Otro fin de etapa.

Hace unos años, recién entrado el siglo XXI, tuve un compañero de trabajo, musulmán, que era de la zona de Mostar. Un tipo sano que conoce bien el valor de ir por la vida intentando no crear problemas innecesarios.

Un día me contó una historia:

-En mi pueblo teníamos miedo. Todo el mundo tenía armas. El día a día un peligro. Era el todos contra todos. No sabíamos que iba a ser de nosotros. Hasta que llegaron los Españoles.

En primer lugar, los tanques españoles entraron en el pueblo, y en vez de hacerlo por la calzada, lo hicieron por encima de todos los coches que había aparcados. Entonces sí que tuvimos miedo. Pero nos salvaron la vida. A partir de ese día se acabaron las tonterías. Si no fuese por los españoles estaríamos todos muertos. Otros no tuvieron tanta suerte.

Yo tampoco lo hubiese pensado.

Al fondo el Adriático, el turismo, helados de stracciatella y capítulos de Game of Thrones. En sentido bastante literal, hay que prácticamente arrojarse por un acantilado para alcanzar este paraíso de mar e irrelevancia. Hay que dar un salto de fé y tirarse. Aunque sabiendo lo que se sabe que dejamos atrás, para no hacerlo.

AN.  July 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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