Avestruces.

Cámara al hombro.

El proyecto avanza otro paso tímido pero importante. Un salto a pies juntos que sin lugar a broma, nos ha llevado al otro lado del mar. En una media hora, y por debajo. Otro cruce relámpago por el canal de la mancha, casi furtivo, para completar ese capítulo inicial, bipolar, urbano, y para nuestra sorpresa lleno de avestruces que esconden la cabeza bajo tierra. 11 para ser exacto.

Me recuento.

En estas últimas semanas de silencio wordpresino y blogeante, nos vemos con prisas entre  ciervos, mercados de periferia, atracciones turísticas, sastres, campesinos vocacionales, gurús del motor, multitudes, campiña inglesa, pasos fronterizos, campos de batalla, chocolate, una familia cervecera, jazz para novicios, la cerveza que bebe el mismísimo demonio, y una viajera extraordinariamente valiente.

Qué?

Pues eso. Del punto A al punto B a través de los ojos de uno que me se yo.

Hace muchos años, Lois Pereiro, antes de morir, me dedicó una primera edición de aquél librito primigenio: ¨Para un companheiro na arte de describí-lo mundo de otro xeito¨. Yo le creí por un tiempo, a otros quizás más que a él, hasta que se me olvidó.

Se me olvidó porque empecé a vivir de verdad y ya no hubo tiempo para andarle contando nada a nadie. Además, en este tiempo y hora, quién quiere que le cuenten historias. Bastante tenemos ya. Nos sobra con una foto y un suspiro.

Sin embargo, el tiempo que se empeña en demolerlo todo, construye y desmonta a su antojo, con su apisonadora pintada de flores, por encima de todo y de lo de todos.

Así, me veo envuelto en la cimentación de nuevas aventuras como en aquella canción del Gran Coppini en la que uno va a comprar pan y le venden el Corán. 

Cuálo?

Lo que acabo de decir. Que sarna con gusto no pica.

El pistoletazo de salida ha sido una semana y media febril, de entuertos y soluciones, en la que una amistad antigua evita estrangulamientos por estrés e ignorancia, y la progresión en el aprendizaje se demuestra a si misma al medir los resultados de un día primero contra uno último.

Lección Primera

Dos ciudades. Una bien vivida. La otra no. Una que por inmersión ya no ves bien del todo, del mismo modo que dejas de oler algo al cabo de un rato, y la otra una novedad, porque de aquí para allá siempre huyo de las grandes ciudades y hace muchos años que no practico el turismo urbano de guerrero de fin de semana.

Qué ha pasado?

Frecuencias dispares. Una ciudad agresiva y obsesionada con el control, histérica de un tiempo a esta parte y a marchas forzadas. La otra reposada y serena, donde la gente todavía pasea.

Ambas diversas, multiétnicas, importantes, modernas.

Dispares también en tamaño e infinitamente incomparables. Sin embargo una me resuena a barbarismo y la otra a civilización.  A la europea.

En ambas buscamos los extremos y los encontramos, de plantaciones vegetales de carácter social a sastres que no cortan por menos de £5000 un outfit sin chaleco. De campamentos de inmigrantes a confituras que harían al mismo San Pedro dejar la puerta abierta.

Tal como lo cuento, en la primera los guardias de seguridad privados hacen sentir lo que en palabras de otro huele a ¨estado policial¨,  menos coto del marqués, que Anacleto.

Esa grandiosa ciudad está últimamente invadida de Anacletos. Lo que pasa es que cuando uno va y viene en sus quehaceres y no se sale de lo habitual , no se da cuenta. Pero al hacer un poco de turisteo, con mas ferralla de la normal, salta la liebre.

-Aquí no podéis filmar!, declara una peluquera saltimbonga desde su negocio de pelucas y postizos. A gritos. Eres un poco bruti, guapis, pero no pasa nada. En un extremo.

En el otro extremo, en la segunda ciudad, no os lo debería de contar, pero me da la risa y no me aguanto.

En la mismísima puerta del parlamento europeo, filmamos una cosilla prevista, algo furtivos, y nadie nos dice nada. Ni un guarda, ni un policía tiene el menor interés en nuestro cacharreo. Un Plisplás y nos vamos. Objetivo cumplido.

Sin embargo, la diferencia chocante nos escuece y se nos ocurre una pequeña travesura a ver que pasa. Algo totalmente impensable en la ciudad uno, y que sin duda nos hubiese acarreado arresto y posible multa.

Resulta que hay un tío vacilón, que no es tío ni nada, sino un estudio de arquitectos que con varios pares de pelotas de tamaños jupiterínos,  que consigue plantarle al parque Leopoldo, en plena puerta del mencionado parlamento, una colección de estatuas igualmente vacilonas. Efigies que se mondan, por no decir se descojonan, de cualquier empleado-parlamentario cada día, según entra y sale de trabajar, cuando le toca.

Por una cantidad en exceso de las 500.000 libras esterlinas , el colectivo mencionado les planta 12 estatuas de avestruces, de las cuales 11 tienen la cabeza enterrada bajo tierra. No damos crédito.

Ojos que no ven…

Nosotros nos reímos y no se nos quita de la cabeza. Asi que volvemos.

Plantamos la cámara, y me adentro en el parterre, encomendado a Benny Hill y Mr Bean, que estarían encantados de nuestra iniciativa. Sigiloso. Sin pisar las planticas.

Me voy acercando asín con un sin quererlo muy canalla y me aproximo a una de las avestruces despistadas, evitando a la que vigila. Y como dice la canción , Despacito, en un alarde de juventud que ni rabito conejo. Macerco por detrás y se la endiño en cámara al bicho palomo este que lleva aquí desde que lo plantaron sin querer saber de la luz del día.

No se si hice Tikitikitiki o toma moreno, pero salimos de allí escopetados. Por si acaso. Pero ni una sirena, ni un guarda, ni una luz azul. Nada.

Osea. En mi London querido nos echan todos los manguis de sus chiringuitos cutrenses, y en Bruselas, a las puertas del parlamento Europeo suena Alaska a todo trapo. A quién le importa…

Mis respetos señores. Con avestruces y todo. Por mantener el sentido del humor y el sentido común. Por entender una broma. Video vigilancia, pues claro, en todas partes. El norte? Aquí en Londres últimamente esta todo un poco tieso. En Bruselas están tan tranquilos, que por la tarde se van de paseo. En homenaje, unas fotícas de teléfono.


 

 

 

 


Bruselas, nos molas.

Os la mostraremos a su debido tiempo.

 

AN.

Londres Agosto 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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