Notting Hill.

Color. Alegría. Callaloo.

Notting Hill explota en un carnaval que congrega a casi un millón de personas. A lo largo de dos días, la cultura del Sound System y las espectaculares Parades vibran con frecuencia Afrocaribeña. Bajo un sol de justicia, mordemos la caña de azúcar cortada a machete en un puesto de la esquina. Red Stripe, Jerk Chicken y arroz con habichuelas. Gente que se nos acaba el veranoooo!.

 


 

Calipso, Soca y Steel drums. Ébano y ron. Una comunidad que da rienda suelta al espíritu en una tormenta de tambores que no termina nunca. Las calles están abarrotadas de puestos de comida. Una elegía de olores con sus guisos de toro y cabra, las salazones con Ackee, y las bollas de la sartén. La gente esta contenta y el verano se despide con un sol de cosecha. Plumas de colores y piel al sol. Caribe de isla grande y pequeña reunido para disfrutar en esta urna mestiza de piel oscura y ojos verdes. Esmeraldas de plástico y sonrisas de diamante.

 


 

A las nueve de la mañana, todavía se puede caminar tranquilamente por las calles de Notting Hill. Una marabunta de casi un millón de personas se encamina hacia el barrio. Solo faltan los elefantes. Todos los kikuyu y algunos tarzanes están dando saltitos.

La mujeres se convierten en pavos reales que bailan alegres, sonrientes en sus coronas de plumas de colores y flotando en un mar de bisutería y magia potagia. Ponche de ron y purpurina. Felicidad de un mundo que respira y late a corazón abierto. Tolerancia sin reservas en un festival callejero que da luz, Capoeira y Dub. Bellas de barrio y bandas de teenagers forajidos, gente bailando en las terrazas de sus casas. Sed, sol y sudor.

 


 

Desde 1964, Notting Hill es el caribe por un fin de semana, a finales de Agosto, para recordarnos esa catarsis necesaria que todo espíritu merece. En estos tiempos de tripa retorcida, mucho mas que nunca.

Yo mastico la caña de azúcar en este mar de Rihannas y Beyoncés. Oro y gafas de sol italianas. Besos a la cámara. Vudú. Machetes. Cocos sin agua rodando por las aceras.

Notting Hill 2017-36

 

Una muchacha cubierta con un velo religioso baila con las manos en alto mientras pasan desfilando todas las aves del paraíso casi como han venido al mundo. Bueno, no, mucho más guapas. Alguien repite una estrofa subido a uno de los escenarios. Suena un himno. La mujeres del puesto de al lado se besan y abrazan, con lágrimas. No sé.

En el Off Licence de la esquina hay dos abuelos caribeños haciendo de porteros, dos family men con sus rizos blancos y gorras de cubano, controlando el tráfico de clientes que se arremolinan a la entrada en busca de cualquier bebida fría. Al salir, el más viejo de los porteros, un hombre de unos 70 años, rellena su lata de cerveza Jamaicana con unas gotas de Ron. Como travieso.

-No se anda usted con bromas, señor gobernador!

-Claro Hijo, es una vez al año.

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