Avestruces.

Cámara al hombro.

El proyecto avanza otro paso tímido pero importante. Un salto a pies juntos que sin lugar a broma, nos ha llevado al otro lado del mar. En una media hora, y por debajo. Otro cruce relámpago por el canal de la mancha, casi furtivo, para completar ese capítulo inicial, bipolar, urbano, y para nuestra sorpresa lleno de avestruces que esconden la cabeza bajo tierra. 11 para ser exacto.

Me recuento.

En estas últimas semanas de silencio wordpresino y blogeante, nos vemos con prisas entre  ciervos, mercados de periferia, atracciones turísticas, sastres, campesinos vocacionales, gurús del motor, multitudes, campiña inglesa, pasos fronterizos, campos de batalla, chocolate, una familia cervecera, jazz para novicios, la cerveza que bebe el mismísimo demonio, y una viajera extraordinariamente valiente.

Qué?

Pues eso. Del punto A al punto B a través de los ojos de uno que me se yo.

Hace muchos años, Lois Pereiro, antes de morir, me dedicó una primera edición de aquél librito primigenio: ¨Para un companheiro na arte de describí-lo mundo de otro xeito¨. Yo le creí por un tiempo, a otros quizás más que a él, hasta que se me olvidó.

Se me olvidó porque empecé a vivir de verdad y ya no hubo tiempo para andarle contando nada a nadie. Además, en este tiempo y hora, quién quiere que le cuenten historias. Bastante tenemos ya. Nos sobra con una foto y un suspiro.

Sin embargo, el tiempo que se empeña en demolerlo todo, construye y desmonta a su antojo, con su apisonadora pintada de flores, por encima de todo y de lo de todos.

Así, me veo envuelto en la cimentación de nuevas aventuras como en aquella canción del Gran Coppini en la que uno va a comprar pan y le venden el Corán. 

Cuálo?

Lo que acabo de decir. Que sarna con gusto no pica.

El pistoletazo de salida ha sido una semana y media febril, de entuertos y soluciones, en la que una amistad antigua evita estrangulamientos por estrés e ignorancia, y la progresión en el aprendizaje se demuestra a si misma al medir los resultados de un día primero contra uno último.

Lección Primera

Dos ciudades. Una bien vivida. La otra no. Una que por inmersión ya no ves bien del todo, del mismo modo que dejas de oler algo al cabo de un rato, y la otra una novedad, porque de aquí para allá siempre huyo de las grandes ciudades y hace muchos años que no practico el turismo urbano de guerrero de fin de semana.

Qué ha pasado?

Frecuencias dispares. Una ciudad agresiva y obsesionada con el control, histérica de un tiempo a esta parte y a marchas forzadas. La otra reposada y serena, donde la gente todavía pasea.

Ambas diversas, multiétnicas, importantes, modernas.

Dispares también en tamaño e infinitamente incomparables. Sin embargo una me resuena a barbarismo y la otra a civilización.  A la europea.

En ambas buscamos los extremos y los encontramos, de plantaciones vegetales de carácter social a sastres que no cortan por menos de £5000 un outfit sin chaleco. De campamentos de inmigrantes a confituras que harían al mismo San Pedro dejar la puerta abierta.

Tal como lo cuento, en la primera los guardias de seguridad privados hacen sentir lo que en palabras de otro huele a ¨estado policial¨,  menos coto del marqués, que Anacleto.

Esa grandiosa ciudad está últimamente invadida de Anacletos. Lo que pasa es que cuando uno va y viene en sus quehaceres y no se sale de lo habitual , no se da cuenta. Pero al hacer un poco de turisteo, con mas ferralla de la normal, salta la liebre.

-Aquí no podéis filmar!, declara una peluquera saltimbonga desde su negocio de pelucas y postizos. A gritos. Eres un poco bruti, guapis, pero no pasa nada. En un extremo.

En el otro extremo, en la segunda ciudad, no os lo debería de contar, pero me da la risa y no me aguanto.

En la mismísima puerta del parlamento europeo, filmamos una cosilla prevista, algo furtivos, y nadie nos dice nada. Ni un guarda, ni un policía tiene el menor interés en nuestro cacharreo. Un Plisplás y nos vamos. Objetivo cumplido.

Sin embargo, la diferencia chocante nos escuece y se nos ocurre una pequeña travesura a ver que pasa. Algo totalmente impensable en la ciudad uno, y que sin duda nos hubiese acarreado arresto y posible multa.

Resulta que hay un tío vacilón, que no es tío ni nada, sino un estudio de arquitectos que con varios pares de pelotas de tamaños jupiterínos,  que consigue plantarle al parque Leopoldo, en plena puerta del mencionado parlamento, una colección de estatuas igualmente vacilonas. Efigies que se mondan, por no decir se descojonan, de cualquier empleado-parlamentario cada día, según entra y sale de trabajar, cuando le toca.

Por una cantidad en exceso de las 500.000 libras esterlinas , el colectivo mencionado les planta 12 estatuas de avestruces, de las cuales 11 tienen la cabeza enterrada bajo tierra. No damos crédito.

Ojos que no ven…

Nosotros nos reímos y no se nos quita de la cabeza. Asi que volvemos.

Plantamos la cámara, y me adentro en el parterre, encomendado a Benny Hill y Mr Bean, que estarían encantados de nuestra iniciativa. Sigiloso. Sin pisar las planticas.

Me voy acercando asín con un sin quererlo muy canalla y me aproximo a una de las avestruces despistadas, evitando a la que vigila. Y como dice la canción , Despacito, en un alarde de juventud que ni rabito conejo. Macerco por detrás y se la endiño en cámara al bicho palomo este que lleva aquí desde que lo plantaron sin querer saber de la luz del día.

No se si hice Tikitikitiki o toma moreno, pero salimos de allí escopetados. Por si acaso. Pero ni una sirena, ni un guarda, ni una luz azul. Nada.

Osea. En mi London querido nos echan todos los manguis de sus chiringuitos cutrenses, y en Bruselas, a las puertas del parlamento Europeo suena Alaska a todo trapo. A quién le importa…

Mis respetos señores. Con avestruces y todo. Por mantener el sentido del humor y el sentido común. Por entender una broma. Video vigilancia, pues claro, en todas partes. El norte? Aquí en Londres últimamente esta todo un poco tieso. En Bruselas están tan tranquilos, que por la tarde se van de paseo. En homenaje, unas fotícas de teléfono.


 

 

 

 


Bruselas, nos molas.

Os la mostraremos a su debido tiempo.

 

AN.

Londres Agosto 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ilbarritz.

En mi primera visita  al Wheels and Waves, se me quedó grabado el caserón de la colina de Handía. Sólo, abandonado, con la playa de Ilbarritz a su merced y una legión de almas en pena imaginarias que lo guardan. Desafiante como un guardián impertérrito y celoso de secretos y vidas pasadas.

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Este año, preparándonos para el proyecto que da pié a este blog, caminamos de nuevo por la playa y se me ocurre en alto:

-El dueño de esta casa me cae mal (!). Esta playa tiene que haber sido su coto privado. Os imagináis?

y alguien responde:

-Parece el retiro de un músico loco, tocando el piano al sol de poniente.

Sin más, continuamos a lo nuestro durante el fin de semana. El Caserón, nuestro punto de referencia para los no iniciados:

-Dónde esta el evento?

-Veis aquel caserón?, pues al lado…

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Al cuarto día, terminado nuestro turno de oficio, bajo un sol al que ya no estamos acostumbrados los que vivimos más al norte, pues hacemos un poquito el veraneante y cosas de playa, colchonetas y helados.

Biarritz es el lugar donde se practicó por primera vez el surf en Europa, durante el rodaje de The sun also rices, -en español, Fiesta– (E. Heminway). Aparentemente el director de producción californiano pidió en 1956 que le enviasen una de aquellas tablas caseras para aprovechar durante el rodaje y echarse a las olas.

La tabla no llegó a tiempo, y ya en 1957, en pleno rodaje, el guionista Peter Viertel  fué el primero en usarla, inaugurando así una tradición de mucho arraigo en estas costas.

Entre bromas y sainetes, a mi adorada esposa se le ocurre que le gusta una colchoneta infalible con forma de tabla de surf, y armada de un poderoso al que no le gusta que no mire, se mete en el agua a hacer un poco el tonto. Todo bien, teniendo en cuenta que a menos de doscientos metros hay una veintena de aficionados de todas las edades con litros y litros de olas de experiencia.

En ese momento en el que las yemas de los dedos comienzan a arrugarse, y la pobre colchoneta está asfixiada después de la sesión de abrazos mortales y desafíos a la flotabilidad como fenómeno físico y cualidad humana, se acerca una viejecita de 80 años en bañador y le dice: No tienes ni idea de coger una ola!, y comienza a explicarle. En sus palabras: al igual que hizo en su tiempo con sus nietos.

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Madame Daunizeau fué relaciones públicas del Hotel du Palais, famoso por reinventar Biarritz como un lugar de vacaciones donde la realeza Europea pasaba lo más parecido a un día de playa tal y como lo conocemos los humanos.

Debo decir, que Madame Daunizeau organiza a estas alturas de su vida, exhibiciones de arte en la región, y es a la vez un himno a las ganas de vivir y un ejercicio de clase.  En su baúl de recuerdos, todas esas cosas que no se pueden contar, y que residen para siempre en su discreción inquebrantable y en la memoria de los candelabros del mismísimo Palais.

Entonces, surge el tema del caserón de Ilbarritz, Y madame Daunizeau se arrodilla en la arena y escribe con su dedo, Baron de L’Espee.

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Y nos cuenta la historia de un hombre reclusivo y celoso de su privacidad. Albert de L’Espee.  Un hombre de vanguardia, inmensamente rico, con varios palacios en diversos territorios franceses,  en los que se dedicaba de lleno a su pasión: los órganos de tubos. Para todo lo demás parece ser que tenia muy poco tiempo y paciencia. No queda de él, ni un retrato, ni una foto.

En el Chateau de Ilbarritz instaló su posesión más preciada, el órgano Cavaillé-Coll mas grande jamás construido para una persona privada. De hecho, el palacio fué construido para acentuar la acústica, y el órgano en si mismo era el más avanzado de su tiempo. Tal fué la importancia de este instrumento en particular que hoy está instalado en la basílica del Sacré Coeur, en Montmartre, Paris.

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Aunque deba decirse, que lo hizo desmontar en 1903 para construir otro , ligeramente más pequeño pero mucho mas avanzado técnicamente , diseño  del maestro Mutin, que hoy se puede oír en la iglesia de Uzurbil, cerca de San Sebastián.

Pero lo que más le interesaba a Mme Daunizeau fue una legendaria historia de amor que es toda una leyenda local. Enamorado de Biana Duhamel, una vocalista de la época, construyó para ella la villa des Sables, y tras convencerla para hacerle compañía, levantó una casa de baño, una piscina climatizada, un baño turco y una cueva artificial increíblemente decorada bajo la casona, con mármoles raros, puertas de bronce y sobresalientes tallas. Todo a cambio de que permaneciese en reclusión , a su lado.

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Cabe decir que la moza tomó las de Villadiego allá por 1898, abandonando a un Barón incapaz de retenerla tras diversos incidentes, entre los cuales está documentado un accidente de coche que involucró a la reina de Serbia , que se encontraba veraneando en la villa.

Y allí permaneció el Barón, en su casa con vistas a Euskalherría, tocando a Wagner con las ventanas abiertas , frente al mar, sin querer ver a nadie.

Albert abandonó la casa en 1911, para morir en 1918, y la casa se transformó en hospital, acomodación para refugiados durante la guerra civil española y lugar de vacaciones para miembros de las SS alemana.

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La necesidad de postguerra convirtió al palacio en víctima de pillajes y acentuó su declive. Imparable. Hasta hoy.

Ya sé que iba a una concentración de motos y constructores y blah blah.  Pero hay desde luego, cosas más importantes. Ya no hay quién dedique oberturas de Wagner, en las puestas de sol, a las olas de Euskadi.

AN

Biarritz, June 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Pequeño Dragón Rojo

Según van transcurriendo las semanas, el propósito de este blog me arde en las manos como carbón vegetal. Se trata de un proyecto ambicioso, con un reducido equipo humano que se susurra al oído. Un cónclave de seres susurrantes. Por ahora.

Quizá sea momento adecuado para otra nueva pista.

Va para dos décadas que mi vida se dobló por la mitad como un naipe en un juego de prestidigitador, y aparecí en otro país, en otra realidad, en otro idioma, en otra baraja. He sido un extranjero?, un expatriado?, un emigrante?, un exiliado?, un escapado?, Un turista permanente?. He sido mano de obra?, vivo simplemente mi vida…?.

Quién decide cómo sustantivizar mi realidad?

Voy a intentar imponer un ejercicio. un ejemplo de ellos y nosotros que nos aproximará al hierro de la idea.

globe in a nutshell


London SXXI.

Mi gran anfitrión en las ultimas décadas ha sido el gran Londres. Un organismo multiparental que se multiplica y se fagocita al mismo tiempo. Una gran centrifugadora que consume carne humana y concibe sueños más grandes que la suma de todos aquellos que componemos sus entrañas.

Londres, el bordón que ata razas y culturas,  crisol de descreídos y religiones,  nube de pragmatismo y esperanza, un álbum de recuerdos infinito para gente que esta lejos, muy lejos. Una orbe al teléfono, una conferencia permanente con el allende los mares. Seis continentes en una cápsula espacio temporal. Donde blanco,  azul y rojo, siguen siendo colores entre los colores y nada se ha vuelto gris marrón, ni para siempre.

Londres quizás un día, tuvo un dueño. Hoy se pertenece a sí mismo. Respira. Sus ríos no llevan agua, llevan la sangre del planeta. Arterias vivas.

Esta ciudad se alimenta de los sueños y las esperanzas de muchos universos convergentes. No es un perro con pulgas, ni un gran pez mordido de lampreas. Es un episodio de creación divina, de la mano de millones de mujeres y hombres, que aunque juntos, pueden ni llegar a encontrarse. La gran ciudad de las manos anónimas que jamás dejan que se escurra el tiempo entre sus dedos.

Reducto de  libres y mercado de esclavos voluntarios. Tripas y corazón. Vida. Libertas.

Sin embargo, Londres está en el epicentro de un rugido arcano. Suena en el bramido de un viejo dragón que se despierta. De un dragón desterrado que unos olvidaron y otros no han querido conocer, un monstruo antiguo que mastica carne humana y no se la come. Un leviatán que aposenta en su egagrópila y disfruta en su dominio, monolítico y solo.

Los guardianes del viejo dragón, también, han despertado.

Está en nuestras manos que retornen a ese lugar que nunca debieron de haber abandonado.

Dudo mucho que jamás haya existido un Londres unicelular, monólogo y monócromo. Ni en Londinium ni en ningún otro lugar en los telares del tiempo.  Lo que jamás ha existido, no puede retornar.

Un Dragón ya no da miedo si se sabe que es lagarto. El retorno de su dominio inmemorial, será pues, una farsa.

Sabéis de que estoy hablando. Aquí seguimos. Vivos. El castillo es más nuestro que de nadie.

Y os vamos a mostrar los colores. Los tintes de verdad y las múltiples verdades, las piezas una a una que nos componen. Y os dejaremos mirar desde nuestras atalayas.

Aquí para compartir este pudding que sana, que une, que enseña y que nunca NUNCA separa.

Pequeño dragón rojo. La llevas clara.

AN. Londres. Abril 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El Atlas de la certeza

Guía para navegantes.

Una instalación teatral. 1994. Un público dividido por una estructura física que impide momentáneamente verse y establecer contacto directo con la otra parte del público. Unas pantallas de televisión muestran lo que sucede al otro lado. Sólo un pequeño detalle:

Lo que se retransmite por las pantallas no se corresponde con la realidad de lo que está sucediendo en tiempo real.

Sin embargo, el comportamiento de grupo de ambas partes se modifica en reacción directa a lo retransmitido.

Nuestros valores, nuestra percepción física del mundo, nuestra valoración de un grupo social, étnico o de un individuo, están forjados por información que casi nunca procesamos nosotros mismos.

Necesitamos y nos servimos de las interpretaciones de otros para ayudarnos a formar una visión que nos permita convivir con nuestra propia realidad. Esto es inevitable por que la ubicuidad no esta todavía inventada, y el Dr Who tiene cláusula  de exclusividad con la BBC.

Cosas que damos por sentadas, y que naturalmente no cuestionaríamos sin empezar a parecer algo tocapelotas, filtran permanentemente nuestras acciones y determinan nuestras decisiones.

Certeza. Puntos cardinales. El sol y las estrellas. Que tu suegro ronque. Mapas.

No. Un momento. Mapas?

Un vistazo a ::esto:: es necesario antes de continuar.

Superponed Russia sobre África. Qué tal Argelia sobre Europa? Mmmm….

Revisitemos ahora la percepción el mundo  que los humanos hemos tenido a través del tiempo. Desde la representación del entorno inmediato en la antigua ciudad de Çatalhöyük en Anatolia 7500 AC. a los grabados de Valcamónica y Paspardo:

Pasando por la visión del ibérico Al Idrisi, hasta llegar a google maps.

Hemos sido capaces de aceptar nuestros errores de apreciación, y de corregir nuestras posiciones para poder avanzar. Gracias a eso ya no vivimos en cuevas ni andamos a cuatro patas,  y manejamos mapas digitales y no pinturas de hollín en paredes cavernarias.

Debemos ser conscientes de los efectos nefastos de la interpretación, siempre parcial, para la implementación de una determinada cosmogonía, por que nos aleja de una correcta lectura que nos permita evolucionar y crecer. Fíjense en este glorioso dibujico:

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Imaginad la diferencia de calado entre, por poner un ejemplo, las antiguas representaciones cartograficas que retrataban Galicia a través de las épocas y un moderno mapa interactivo a tu alcance y disponible en tu teléfono en todo momento.

Sin embargo, a pesar de la ventaja aparente y la enorme disponibilidad de información, aún disfrutando de lo que podría ser considerado uno de los períodos  más  agraciados de la historia de la humanidad, con una capacidad para comunicarnos que no tiene rival en todo el periplo de la raza humana, continuamos irremediablemente enquistados en tópicos y esclavos de mitos sin fundamento, rendidos a intereses cuya finalidad y uso quedó en el pasado.

Asumimos, sentenciamos y actuamos basándonos en lo que nos cuenten más que nunca o por lo menos , tanto como siempre. Y así estamos, entre coyunturas de Brexits y retórica pasmosamente rancia que pareciese que vuelven banderas victoriosas y unos cuantos millones de muertos para que volvamos a demostrar lo mucho que nos entusiasma darle otra patada a la misma piedra. Porque aún a pesar de habernos roto los dedos de los pies en la ultima guerra mundial, y haber salido de la europa en ruinas de los años 50, parece que no nos hemos dado cuenta de que no es un balón, ni esto es un partido que termina a lo 90 minutos y todos para casa.

Pues vamos a necesitar muchos mapas. y ahí va la segunda pista.

AN. Londres. Abril 2017.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Muros de cartón.

Beep Beep Boop…

Soy muy consciente de que un blog  solía ser una ventana al ombligo de su creador, que por lo general nadie le ha pedido.  Creado para regalarnos con los episodios gratuitos de su vida estupenda. Sin embargo, en estos últimos años, suelen ser juguetitos de la industria, que se camufla de niña mona para vender ropitas, cositas cuquis, y todo lo que tanto necesita Caperucita, a ver si de una vez el lerdo del lobo enseña algo de diente, que se pasa el día dándole a la Playstation.

Aquí también tenemos un propósito. Pero no os lo vamos a revelar por ahora.

A todos nos gusta la idea de un viaje. El que más y el que menos se ha beneficiado a estas alturas de la asequibilidad del rosario de ciudades Ryanair todo lo que buenamente ha podido.

Las Low Cost nos han permitido a todos los pelagatos jugar un poco a la jet set de vacaciones de finde, hacer las maletas como la niña del exorcista, lucir nuestros trapillos en las selfies y dar la traca en el Facebook por los siglos de los siglos. Y pese a algún dramilla inevitable que pueda aflorar al tercer Gintonic, solemos pasárnoslo pipa. Cuñados incluidos.

Un avance. Sin reservas.

Solemos traernos un sinfín de anécdotas que nos vienen de perlas a la hora del café, y para mantener contenido al ´y yo más´ de turno, que nos traía fritos con lo de Tailandia. y todos nos sentimos por ello un poco más realizados. Como más vividos. Mejores.

El caso es que en esos tiempos extraños que tenemos encima, en los cuales parece haber un  interés notorio por forzar una  regresión a tiempos más parroquiales, nuestras modestas frivolidades que tanto esfuerzo nos cuestan, están como un poco amenazadas por este clima  de pastiche rancio que huele un poco a maricastaña y a religiones y a señoritos nostálgicos. Y sobre todo , a nosotros y vosotros. A división. A fútbolismo. Y también a chistes de un inglés, un francés, un gallego y un chino.

A muros.

 

A muros de bloques hechos con cajas de cartón, que los periódicos y las teles y el supermercado del internet apuntalan cada día con sus verdades poquitas y medias verdades muchas y alguna trola gorda. Pero gorda gorda como el vecino del tercero, que si lo vemos entrar en el portal nos hacemos los remolones en el descansillo para que no nos avasalle en el ascensor el tío hiperglúcido.

Las películas de malos y buenos, son por lo general, películas.  La realidad es más prosaica. Humilde. Aburrida. Con padres que llevan a sus pibes al colegio, un compi de trabajo algo pesadito y el famoso clikiclikicliki  del coche del padre de Mafalda. Aquí y en la cochinchina.

Ni por llevar turbante nos deja de preocupar nuestra niña, que nos trae un catarro de órdago, ni por ser del hemisferio norte nos hemos impregnado de la ciencia infusa, ni por levantar más el puño  traemos necesariamente un mundo nuevo en nuestros corazones.

La verdad de nuestros días, es como un cuadro hecho con pinceladas de las verdades según  otros. Que nos lo van contando. Con sus colores, sus matices y algún que otro borrón naranja.

Y para contribuir a descubrir la realidad entre tanto narrador , pintor y maquetista, necesitamos esas experiencias de primera mano. Más que nunca.

El mundo que se acerca se intuye más cargante , volviendo a dar la vara con esas fronteras modernas  de romanticones bobos y de esas naciones  inventadas en el siglo XIX para jugar a los imperios y a los mariscales de campo. Esa mentalidad de anticuario victoriano, que se inventa héroes y magnas estirpes y trapallada sin rigor, de la de colacao y pa la cama.

Siempre nosotros y ellos.

En pleno desandar que nos encontramos, en esos dos pasos atrás después del paso adelante que se avecinan, tenemos, sin demora, que empezar a entender en que consiste el nosotros para saber si en realidad existe el ellos.

Y ya os he dado la primera pista.

AN. Londres. Marzo 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hello World

La toma de contacto

Para que hacer publico aquello que vivimos en nuestras vidas privadas?. No nos llega con disfrutarlo?. Es necesario pregonar si subimos o bajamos?.  Habremos comido tortilla de patatas o coxinhas esta tarde?. Tenemos que regalarle nuestros momentos íntimos y el mapa de nuestra existencia a nuestros amigos los accionistas de Facebook?.

Realmente le importara a alguien si vamos o venimos ademas de a nuestras madres y algún vecino que otro?

Gentes de buen criterio:  Que no quepa duda. Yo he venido aquí a hablar de mi libro. Al que no le interese, ancha es Castilla.

Para los demás, un fuerte abrazo y una explicación:

Hay un proyecto secreto en el asador, para el cual el gran consejo de Gamusinos y Umpa Lumpas ha decidido que hay que empezar a dar ‘exposure’ al sinnúmero de desmanes y la colección de descalabros que tan preciosa me ha quedado a través de los años.

Nota para avispados/as: Los acentos se ponen solos por arte de birlibirloque. Aunque todavía se ponerlos después de aproximadamente media vida en el guiri, mi teclado solo tiene apóstrofes. Lo se, keyboard preferences, shortcuts y tal…luego lo miro.

Asi, que al bollo.

Como parece que un día de estos se va a acabar el mundo y nos van a endilgar otras dos guerras mundiales seguidas como la otra vez, vamos a aprovechar para recordarle a todo el que se aburra y no tenga nada mejor que hacer, que este planeta rastrero esta lleno hasta los topes de gente estupenda, buena, capaz y desinteresada a los que hay que pregonar a los cuatro vientos por las pequenhas cosas tan maravillosas y llenas de coraje que son capaces de conseguir cada día, pese a todo.

Me explico?. Que a buen entendedor…

AN. Londres. Marzo 2017