#elefantentreffen to Santa Monica (CA)

Hi!

The #elefantentreffen documentary has made it to the #hollywoodscreeningsfilmfestival.

 

hscreeningssemi_2

 

Stoked!

Rolling full steam on!

AN November 2018

Advertisements

Norton Commando 750 1971

Fully restored beauty restored by NormanWhite.

Norton Commando 750 1971 for sale. Fully rebuilt. Offers in the region of £10K. 12400 miles. 5000 since rebuild. Sportster trim. Engine, gearbox and swingarm rebuilt by Norman White. Mikuni single carb, Boyer ignition and Grimeca calliper fitted by NW as well.

Enquiries: djivangsouren@yahoo.co.uk

Please share: https://youtu.be/LmYYhcPCcg4

 

 

AN October 2018

Ace Cafe London

The original British motorcycle cafe.

Ace Cafe London. A documentary about stubborn people on leather jackets, tea spills, and some motorcycle soft porn. One of the last places on earth where you can be the cool cat on your NHS glasses. Lets face it, your dad is way cooler than you will ever be.
Please share : https://youtu.be/r852UheaTr4

 

 

Get in touch. Get involved. Bring it on!!!
https://www.patreon.com/lanueveproductions

Your engagement is essential to the growth of this project. Your contribution buy us time. Time to Focus.
And more time focusing on the project equals greater production values, increased output and greater content.

AN September 2018

NW10 Speedshop

NO more Jerry can. They got a toilet!!

A quick one to celebrate the grand opening of the new NW10 Speedshop. This time with a toilet. Those concerned got reasons to celebrate!

Please Share: https://youtu.be/xY8vddfJJq8

 

 

Get in touch. Get involved. Bring it on!!!
https://www.patreon.com/lanueveproductions

Your engagement is essential to the growth of this project. Your contribution buy us time. Time to Focus.
And more time focusing on the project equals greater production values, increased output and greater content.

AN August 2018

El tuétano de las montañas (II)

Talamona, Morbegno, y una Guzzi Le Mans.

Nuestro amigo Oliver (Olly), nos recibe en su pueblito de montaña en una ladera de la Valtellina. Es ya de noche y estamos perfectamente desarticulados, pero nos pide que por favor nos acerquemos un momento hasta la casa de sus padres, que nos esperaban para saludarnos.

Llegamos a un caserón desde el que se vigila todo el valle, la antigua casa del comandante regional de Mussolini en su interminable batalla a cornadas contra el  partisano. Una casa con solera, a la que por fortuna nadie se ha atrevido a camuflar con modernismos. Yo creo que por estos lares, a los de la república independiente de Ikea, ya los han fusilado.

El padre está en la cocina. Cuando nos saludamos, me estruja la mano con el apretón de la muerte y dice:

-Il cuoco sono io.

No tengo el menor inconveniente en hermanarme con cualquiera que se presente como cocinero sin reparos, pero dadas las circunstancias del día que llevamos, sólo quiero tirarme al suelo en una esquina a desintegrarme y hacer globicos por la nariz  roncando como una tuneladora mientras sueño con el Gran San Bernardo. En la cocina, la máquina de la polenta nos observa sin torcer la mirada.

Aplazando brevemente el festín que amenaza, subimos por una cuestita empedrada hasta llegar a nuestra recompensa de pijama y orinal. Un último esfuerzo. En estas laderas, los ingenieros de caminos se abrazan cada vez que se topan con suelo horizontal.

En casa de Olly, un chalecito de tres plantas donde vive con sus motos y una guardería repleta de lombardos en edad preescolar, no se entra por la puerta principal, se entra por el garaje.

Cubiertas con sábanas como en un carnaval de acero y grasa, hay dos Harleys Electraglide, dos Guzzis de los carabineros de los 70, una vespa, Una BMW GS de las primeras con sidecar,  una Guzzi V1000, una Guzzi Superalce militar del 46 a la que se ha quitado la ametralladora para ponerle un cesto de mimbre, y algún escuterito pop de los sesenta de aquellos ideales para partirse los dientes de chaval e ir haciendo callo. (En palabras de mi comandanta, introducida a las diferencias entre Guzzi y Gucci por los jocosos locales en una visita posterior, las carracas de Olly).

Dentro del mismo garaje hay un apartamento, con una cama, una cocina, su comedorcito… y una Guzzi Le Mans.

Voy a dormir con una moto. Hay una primera vez para todo. Por lo menos, me toca la más guapa.



Carracas en el Como.

Por la mañana, revisamos el arsenal garajero mientras desayunamos, en el jardín. Desde la guardería de la entreplanta,  los niños nos saludan con la mano asomados al balcón del recreo. Ya se sabe lo que ocurre cuando mezclas niños y motocicletas. Para estas criaturas, el Cio Olly alcanza nivel dios. Es que con el bramido de motores que estamos liando, no hay quien estudie.

Sentado en el jardín, observando el valle encajonado entre montañas, te preguntas si los nativos tendrán una vértebra cervical extra, que les permite mirar permanentemente hacia arriba. Al oeste, al fondo, el lago.

Repuestos, salimos a rodar el perímetro del Como desde el  mismo vestíbulo de los alpes italianos. Bellano, Varenna, Mandello del Lario, Bellagio… hay motivos evidentes para justificar que las aristocracias más rancias viniesen aquí a tomar los aires en otros tiempos remotos en los que los humanos pasábamos nuestras vidas enteras en 25 kilómetros cuadrados.



 

El corazón del lago sin embargo, está parapetado tras un interminable y sobrio muro de discrección y una famosa puerta roja. Da la impresión de ser un simple edificio, ascético y enorme, pero es un malentendido. Para apreciar su grandeza habría que verlo desde el aire.

Tras esos muros, se oculta toda una ciudad estado que un día fue motor industrial de toda la comarca.  Un paraíso de la ingeniería vintage,  entre antigua y muy seria, formal,  retro. Puertas adentro, el circuito de pruebas, el primer túnel de viento, la factoría, los edificios administrativos, el museo, y por supuesto sus tesoros…

El primer indicador de que estamos en la Italia moderna, lo propone un cartelito que declara la apertura de su glorioso museo 1 hora al día. UNA HORA! Ma che ca***!

Y entramos hasta la cocina, del brazo de sus empleados, bajo el radar, saltándonos los protocolos, tal y como si un monaguillo robase las llaves de la catedral y nos dejase echar un vistazo al interior del sarcófago del apóstol. Todos se conocen, se han criado juntos. Oír, ver y callar. Omertá.



 

Descubriríamos después, puerta por puerta, recónditas en la más absoluta discreción de tantos y tantos hogares en las laderas,  que en sus garajes se esconden tesoros de la mecánica del mismo modo que otros preservan ruecas, molinillos y aperos de labranza. Más que coleccionismo es etnografía. Los viejos maestros se retan a morir el último, esperando a que su rival muera antes y su viuda o los mentecatos de sus hijos subasten las colecciones para abalanzarse como fieras al olor de la sangre.

Hubo un tiempo, en que los alemanes se desvivían por adueñarse de las joyas de la corona, pero muchas de ellas, ya han vuelto a casa. El garaje de nuestro anfitrión, es, de hecho, una cosa normalita. Así, en esta y otras visitas posteriores, he visto colecciones donde las motos con sidecar están en la pared en estanterías. Bajo solemne promesa, su localización me la llevo a la tumba. Porque están las cosas, y luego están las cosas serias.

En una ocasión, una persona fabulosa de la que os hablaré un día, me permitió acercarme, oler, tocar y escuchar una carraca de 250000 leuros que sacamos al jardín para que pudiese fotografiarla. Resultó hasta cómico verles extraerla de una habitación en un sótano con otras 15 motos. Había, (y hay), dos habitaciones más en las mismas condiciones. Ave César! ahora ya estamos listos para concentrarnos en nuestra misión en las alturas.



La Selva

Nos piden que dejemos las motos, que vamos a un sitio, y hay vino. Inocentes de nosotros nos metemos en un coche por carreteras locales de la alta Valtellina. Al conductor le traen sin cuidado las caídas a plomo de cientos de metros entre los árboles.  Nos habla  y gira la cabeza para hablarnos.

-Mira para adelante animal!

Yo me agarro secretamente a donde puedo, con la firmeza suficiente para que se me pongan los nudillos blancos. Esas trazadas en carretera de montaña se las aprendió en andador cuando aún no hablaba.

Pasamos a propósito por Mello, un pueblecito entre escarpados al que los locales llaman en pueblo de los españoles. Descendientes espúreos de aquellos militares que guardaban la plaza de Fuentes, por muchos años centro de aprovisionamiento a los tercios que subían andando desde Génova hasta Flandes por el camino español.

Nos cuenta, que hasta los años 70 los del pueblo solo bajaban al valle a pelearse. Y viceversa. Tomen ustedes nota.

Nuestro destino es una granja y casa rural a la italiana, un Agroturismo. Curiosamente se llama La Selva, en castellano

Saludamos a las cabras, Y nos sentamos.



 

En los Antipasti, nos distraemos de las conocidísimas Bresaolas. Incluida la de cervo, que también, para descubrir la Coppa valtellina (lomo de caña montañés) y un salchichón con textura de paté que enamoran. Servidas con Sciatt, que son unas bolitas de queso frito rebozadas en harina sarracena (El alforfón). No pedimos nada, ya nos van trayendo…esto es una emboscada.

La gloria se presenta bajo el nombre de PizzoccheriSon unos tallarines caseros de cinco o seis centímetros, hechos a mano, a base de grano sarraceno, con queso, patatas, repollo, salvia y mantequilla. Después, Polenta Taragna. He vivido.

La carne, viene en unos sustanciosos pinchos que cuelgan sobre el plato, rezumando substancia sobre las patatas. El vino, de la comarca. Sasella, Grumello, Inferno…. después bitto (queso aperitivo del postre) y bisciola de higo y nueces. Yo me salto el Amaro Braulio. Nuestro compañero anglo-canario, visiblemente desenfrenado, alterna ataques de risa con lagrimones. No somos nada.



 

La bajada en plena noche polo rally das corredoiras, la omito. Mañana nos enfrentaremos a las montañas de verdad.

Os lo cuento en un inevitable tercer acto…

Un abrazo.

AN

Londres, Noviembre 2017.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Polillas copulando.

Sale el sol. El equinoccio Vernal ha pasado de largo sin que nadie se de cuenta. Modo primavera ON.

Como pajarraco que retorna de otras latitudes, el Motociclista Común, reaparece desde lo más recóndito de su garage , rodando desde una invernalia fabulada, construida con  anticorrosivo, cargadores de batería y un miedo al agua y al frío que no se entiende.

Dispuestos a lucir sus plumajes nuevos, son atraídos, domingo tras domingo hasta bien entrado el mes de Octubre, hacia oráculos locales de diverso tamaño, calado y pretensiones a lo largo y ancho de la geografía Europea.

En el Reino Unido en particular, el Motociclista Común, se caracteriza por su capacidad innata para entablar conversación con todo aquello que se mueva, siempre y cuando se cumplan dos condiciones primordiales:

  • Habernos pertrechado del correspondiente Mug of Tea. (Builders Tea, por favor. Seamos serios…)
  • Que nuestro inminente interlocutor se encuentre, bien encima, o bien al lado, o por lo menos cerca…, y preferiblemente no debajo, de una moto.

Como este año hay una diferencia substancial con temporadas anteriores, debido evidentemente a la fiebre rupturista aguda que campa a sus anchas por las islas, me pregunto, si a la hora de la verdad, seré capaz de medir  con mi termómetro sociológico imaginario un cambio en la gente. Incluso me pregunto si seré capaz de registrar una señal que me indique si efectivamente las cosas han cambiado.

Mi calendario de eventos está repletito y las fechas se solapan. Este fin de semana, o me acercaba hasta inauguración de la nueva tienda de Bolt, o me apuntaba a Prescot con mis colegas y excompañeros del ACE.

Con la primera opción mi demoscopia iba a salir un poco caca, porque simplemente ya se sabe que el progresío de bigote, barbita y pantalón vaquero retro sin lavar tira pa Cuenca, y con la segunda, pues voy  hacia provincias, y podría sin duda oler a rancio.

Así que… a Prescot, territorio del Bugatti Owners Club. Que no se ha visto tarde de toros decente si el toro es manso.


Prescot Bike Festival 2017.

1695-map- Prescot

 

Es sábado por la tarde, preparando el alforjado motoril y sopesando la idea de una tienda de campaña por si las moscas. Cómo?? Nada de tienda, Hamaca y listo, que es casi verano (Sic).

Yo estoy esperando puntualmente al equipo de eventos del Ace que va con una de las furgonetas llena de merchandise para el evento y una Triumph Truxton 1200 Edición especial del ACE Cafe.

Llegamos al Bugatti owners club de noche, y tras un breve parlamento con la organización, entramos los tres teniendo sólo dos pases como en un buen chiste de un Gallego, un Lombardo y un Escocés… se aparca, y al Clubhouse.

Promedio de edad 50 plus. La gente tan tranquila charlando, banda Rockabilly madurita cumpliendo sobradamente, y como en el local tienen su propia cerveza  casera, pues unas pintas de Hill Climb.

Hay formas y formas de ser abuelo. Los miembros del Club tenían aparcado delante del bar un coche fúnebre. A primera vista, por si acaso.

En realidad, en donde debería de ir el ataúd…  pues está el motor a reacción de un Jet. Fully operational.  Estooo,  por donde íbamos….

En un visto y no visto, cerramos el soiree (como de costumbre) y terminamos váya usted a saber cómo, con la hamaca colgada dentro de la furgoneta del Ace, Olly en una cama plegable de campaña debajo , y Ash en la cabina al mas puro estilo Gipsy Kings. Orgullo merchero, o como se dice aquí en la pérfida Albión: a bloody bunch of Pikeys. Hoy no muero de glamour. Es lo mas cerca del circo que he estado en mi vida. Esto debería titularse Travellers Galore.

En fin. Que amanece bonito, y a eso de las 5 am ya estoy por los prados esperando a que salga el sol para tirar unas foticas.

Prescott 2017-2

Me lo paso pipa a lo Ansel Adams, hasta que comienza  a levantarse todo el mundo, y voilá, sucede.

Los de el campamento jicho de al lado son unos gentleman del XJR Club , que se han traído una buena selección de, efectivamente, XJR´s, y están preparándose para instalar su tenderete.  Al primer sorbe de té mañanero , se acerca el primer señor inglés majete del día, a charlar sobre mi hamaca que le tiene intrigadísimo y le parece muy buena idea. Que si esto y lo otro… quieres café? y aquí no hay rastro de Brexit por ninguna parte.

Me subo a desayunar. El primer cliente. Que conste. Y la señoriña un encanto. Que no funciona la tostadora , que ahora me la arreglan, que si de dónde vienes…

Ni rastro de la cosa esa por aquí tampoco.

Prescott 2017-11


Con el transcurrir del día, el recinto se llena sin avasallar, The Hill Climb, con motos y otros artefactos, es una operación popular sin pretensiones donde sube cualquiera que se haya inscrito. El ambiente, de domingo de verano. Ganas de hacer proselitismo a la fiebre de insularidad que parece haber tomado el país según los telediarios? Cero.


 

Un memento. Dos mods despistados con sus motos italianas, en las instalaciones del club de propietarios de un coche italiano a media hora de Liverpool. Voolare…

Prescott 2017-5

Otro:  -Qué opina usted del Brexit?-

Prescott 2017-12

 

Pues eso. Que aunque el panorama politico de las islas sea una historia de polillas y naftalina, de queso con gusanos y agendas partidarias. Aunque nos cuenten la de Nostradamus y nos quieran poner de bedel al tío de la vara, cuando sale el sol, lo que más mola es un helado de pistachio. Y aunque la prensa le de coba a algún energúmeno que ha equivocado la medicación y fabúla con guerras por un pedrusco lleno de monas, aquí preferimos hacer chistes de polillas copulando.

AN. Prescot bike fest. 2017

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De Motos, Radiales, y Rebaños

Una perspectiva de primera mano.

 

Verano del 2012, sentado en la puerta de Ace Café, echándole un ojo al aparcamiento en una de esas mañanas de  fin de semana que hacen salir de los garages a las joyas mimadas de muchos aficionados a las motos. Ponderando virtudes y defectos de una cierta época pasada de esplendor de la industria motociclística europea, se me ocurría que en realidad y con algunas notables excepciones, la clave para revisitar instantáneamente muchos de aquellos modelos consistía en cambiarles el sillín. Y a otra cosa.

Debo confesar, que por aquel entonces y en cierto modo hasta hoy, pocas barbas veíamos por el Ace. Las que estaban presentes, estaban en las caras de personas que las llevaban desde siempre. Se me ocurre Terry Dobney, que además de haberse ganado sus credenciales con su Tiger Cub, una Matchless single, y una Norton Manx Racer en los 60´s, hizo un tour americano en un sidecar ruso cuando eso era algo terriblemente exótico. Terry trabajó para Harley con Fred Warr,  pasó su tiempo en el ´International Times´ y regentó un taller de motos en Bywater. Hoy, y por favor no os entreguéis al cachondeo, es el Archidruida de Avebury, el famoso círculo de piedra neolítico de Wiltshire.

Y por supuesto Nick Price, vikingo vocacional, gran barbudo, portador de un sinfín de hierros atornillados a sus huesos, afilador de hachas que cortan el papel, y ex militar  versado en las artes de los explosivos modernos  por cortesía del British Army.  De profesión, notable amansador de jóvenes halcones de los 125cc las noches de los viernes en el Ace.  En sus ratos de ocio, tirador de precisión en la reserva al servicio de su majestad.

Con el tiempo, comenzó a hacerse presente el nuevo identikit de barba y estética Hot Rod, siempre muy tímidamente y fuera de entornos de tradición motera, todavía dominada por la ´Harley Crowd´, las motos deportivas, y las grandes motos de aventura.  El remanente de la escena ´Street fighter´ de los 90´s era ya débil, y las motos rata, notables de espíritu, pero pocas.

Recuerdo una conversación con Mark Wilsmore, que por entonces era mi jefe, sobre las motos modificadas que estaban comenzando a verse por las zonas modernis Londinenses. En uno de sus momentos torre, en los que tanto le gusta enrocarse en defensa de su particular visión del Cool, me espeta con retranca:

-Los departamentos de desarrollo de las marcas con sus presupuestos millonarios, y estos críos con las radiales y lacitos.

Quizás se pueda leer entre líneas que tanto los chavales que modificaban sus motos Británicas para hacer Cafe Racers en los 60´s y 70´s, como los modificadores de este siglo tienen en común una veta individualizadora, pero el movimiento CR tendría más que ver (en su momento histórico) con ´performance´, mientras que la escena vigente es un poco mas estética y ´Arts and Crafts´.

Harley continúa siendo el dominio  de divorciados y prejubilados desde un punto de vista estrictamente demográfico. Las motos de aventura quizás estén disfrutadas por una sección demográfica más amplia, pero por lo general destinadas a la aventura del bocadillo de bacon con brown sauce de los domingos por la mañana, después de ir a lavarlas. En ambas escenas, la monumental industria del mercadeo de modificaciones y partes esta mucho más corporativizada y tiene menos de movimiento ´pop´, lo que las deja un poco atrás desde el punto de vista de la relevancia histórica. Son pilares de la industria, pero están relegadas a un segundo plano como partes del proceso vigente de creación de la historia de la motocicleta.

Allá cada cuál con el viento que hinche sus velas. Que para eso tenemos la suerte de poder escoger.

Hoy sin embargo, después de ver madurar la nueva escena  de primera mano, y muy cerca de los actores principales, toda vez que las marcas se han apuntado sin remilgos, y habiéndose ensañado los influenciadores de opinión con todo aquello que tenga pelos ´de nuevo cuño´ en la cara, con un palabro ubícuo  que describe a cientos de miles de jóvenes y post-jóvenes en identikit, que en cierto modo no saben muy bien de que iba la cosa, como suele serlo para todas las recreaciones estéticas de movimientos juveniles populares del sXX.

Yo recuerdo las primeras  barbas nuevas  a lo William Morris, allá por el 2010, en un concierto de Planningtorock (Jam Rostron). Destacaban entre el postnoventeo perdido como caramelos de fosforito.

Ya desde mediados de los 00’s se hacia evidente una actividad febril en aquel centro del universo que era Old Street (hoy la famosa ‘Silicon Roundabout’, territorio ‘informatiki-tiki’ y famoso parque temático a la Camdem Town).

El contraste, o mejor dicho la monumental batalla de estilos de vida, entre los trajeados de la City (en su versión extendida) y los artistas que poblaban la zona. Armani y afeitado de cuchilla multihoja VS barba y ropa de segunda mano a lo choqueiro Tutti Frutti. Avaricia VS Creatividad.

Jóvenes barbudos y barbudas, hoy ya menos pilosos, que sin saberlo se ocuparon de regenerar la zona, y fueron perseguidos donde quiera que se desplazasen por las grandes marcas. Buscando Cool como si de sangre de virgen se tratase.  Un colectivo asediado por agentes inmobiliarios buscando dar pelotazos a lomos de la regeneración de las áreas baratas que toman estos Peter Panes de inclinación artística y pocos recursos, pero altamente educados y con el toque del rey midas para hacer deseable un vecindario. Y por supuesto infiltrados por los medios, que excavan con las manos el próximo adjetivo con el que digerir e higienizar cualquier movimiento cultural juvenil que el futuro inmediato nos depare, reciclándolo y haciéndolo inofensivo y comerciable.

Desde mi punto de vista, el legado de esta etapa de la cultura popular, será sin duda, una nueva forma conjugada de ver la motocicleta. Un conjunto de reglas que definen el aspecto de una moto modificada en los 2010’s.

Y debemos agradecerles a los barbudos, sin duda, el hecho de que la moto, como vehículo y como estilo de vida, esté teniendo un resurgimiento sin precedentes.

 

AN